¿QUÉ ES SER MASÓN?

Un masón es una persona capaz de dedicar parte de su tiempo a hacer algo que no esta orientado a una utilidad productiva o económica, sino que lo está hacia la reflexión, el cultivo de la amistad, o el mejoramiento de su propia vida compartiendo opiniones con otros y otras...

 

Implica buscar el crecimiento personal a través de la escucha activa y de la reflexión analítica; supone ser parte de un método que fomenta la fraternidad y la relación, pero que lo hace a través del progreso en el desempeño individual, del desarrollo personal e intelectual, aunque no necesariamente mediante el incremento del nivel de formación, puesto que no es obligatorio adquirir más conocimientos. Ser masón no es una carrera académica, no es buscar más instrucción sino adquirir un mejor desarrollo.

Ser masón supone aceptar las limitaciones propias de todo ser humano, al tiempo que se es consciente de querer usar las capacidades de la conciencia y del autoconocimiento en aras de establecer un hábito de trabajo, individual y colectivo -dentro de la Logia- mediante el cual se pueden abordar las inquietudes humanistas de la persona, su entramado psicológico y espiritual, y su vivencia de valores éticos.

Este trabajo, además, se desea realizar en cooperación activa y colaboración fecunda con el resto de integrantes de la logia con el objetivo de potenciar el propio conocimiento como persona, dimensión social incluida.

Este último aspecto, el del incremento de la dimensión social, acabará generando un cierto nivel de complicidad con quienes, desde otros ámbitos asociativos, pueden coincidir en la defensa de los mismos valores. En el GODF el núcleo básico de valores en desarrollo dentro de las logias se concreta en torno a un humanismo de tipo laico y democrático.

En una época en la que todos tendemos a vivir más aislados, ser masón implica convivir en un ámbito de mayor sociabilidad que permite, entre otras cosas, la pervivencia de las tertulias como espacios en los que uno puede contrastar sus propias opiniones con las de los demás.

Se trata, en suma, de andar por una de las vías que permiten acceder al compromiso activo, pero que, en el caso de la masonería, y gracias al ritual, tiene la particularidad de permitir vivir emocionalmente los vínculos que cada cual establece con ideales y con valores compartidos con todos, algo imposible en otros tejidos asociativos que carecen de esa dimensión emocional; y es justo en esa dimensión, complementada por la reflexión racional, la que el peculiar instrumental operativo y simbólico de la masonería permite aflorar y trabajar, posibilitando medir los recursos internos de cada cual mediante un método riguroso y apto para potenciar lo mejor de cada persona.

 

 

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